
Salud, calidad, tradición, cultura, desarrollo sostenible... son sólo algunos de los positivos valores asociados a la alimentación mediterránea, la enseña del patrimonio inmaterial de Andalucía. Su puesta en valor, su promoción, es el objetivo que marca el nacimiento del Instituto Europeo de la Alimentación Mediterránea (IEAMED) en 1999, con la clara meta de difundir entre la población los innumerables beneficios que otorga la adhesión a una dieta sana, equilibrada y variada, lejos de productos perjudiciales para el organismo y, en consecuencia, limitadores del bienestar social.
El sector agroalimentario emerge, en este sentido, como el principal destinatario de los pasos emprendidos por el IEAMED, como consecuencia de su condición de motor económico y de desarrollo sostenible en el contexto de la comunidad autónoma andaluza. Un papel cuyas firmes expectativas de futuro no pueden disociarse de la superación de los nuevos retos que aparecen, de un modo constante, en el horizonte más inmediato, debido a la competitividad y el dinamismo de un mercado global sumido en permanentes procesos de innovación, modernización e internacionalización.
Éste es, precisamente, el punto en el que aparece el Instituto Europeo de la Alimentación Mediterránea, adscrito a la Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía y gestionado por la Empresa Pública Desarrollo Agrario y Pesquero, cuyas actuaciones giran en torno a la adaptación de las empresas agroalimentarias de la región a las nuevas realidades socioeconómicas, a la homogeneización de la producción y el incremento de su calidad. Todo ello, sin olvidar la importante labor de interlocución entre el sector y la Administración autónoma, en el marco de la lucha de ésta por urdir soluciones estratégicas que garanticen el éxito del complejo agroindustrial andaluz.
La posición hegemónica de Andalucía en materia de producción de aceite de oliva y aceituna de mesa y su condición de primera zona productora de fresas del mundo y región líder de la Unión Europea (UE) en el ámbito hortofrutícola constituyen una muestra incuestionable de la importancia del sector primario para la economía andaluza. Algo certificado por el empleo, la riqueza y la estabilidad que genera en cada uno de los rincones de su territorio, en los cuales también adquieren protagonismo otras producciones como la leche de cabra, el trigo duro, el algodón y, salvo en años de sequía, el arroz, unos campos en los que la comunidad autónoma se sitúa por encima del resto de las regiones españolas.
Tampoco se puede obviar, en cuanto a la ganadería, el carácter trascendental de la industria encabezada por el jamón y los embutidos cárnicos derivados del cerdo ibérico, otra de las señas de identidad de Andalucía. Y a estas esencias propias del campo andaluz hay que añadir las provenientes del mar, la gamba, la caballa, la melva, el atún o la dorada, entre otros muchos recursos que habitan en los caladeros de la región.
Desde la conciencia de las aportaciones del IEAMED al cumplimiento del compromiso de posicionar a la industria agroalimentaria como referente internacional y de difundir los valores de los productos andaluces como generadores de mayores niveles de calidad de vida, el consejero de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía, Isaías Pérez Saldaña, ha impulsado la consolidación del Instituto mediante el diseño de una estrategia estructurada a partir de seis programas. Éstos están relacionados con materias como la alimentación y la salud, la ciencia y la investigación, la restauración, el apoyo al tejido empresarial, la difusión y la comunicación y la formación.
